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Alimentación |
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CONSEJOS DIETÉTICOS

Si prestamos atención a nuestra estructura dental, nos damos cuenta que la naturaleza nos ha dotado con una herramienta preparada para moler grano (molares y premolares, 16 piezas dentales) para desgarrar carne (caninos, 4 piezas) y para partir la fruta (incisivos, 8 piezas). Esa disposición nos da una idea bastante aproximada de cual es la alimentación que hemos de llevar, que ha de consistir básicamente en cereales y legumbres; fruta y verdura en menor proporción y algo de carne, pescado y lácteos. Esta orientación exceptúa períodos como la lactancia y otras circunstancias especiales.
En cuanto a cantidad hay que hacer caso al proverbio que dice que hay que tomar un desayuno de rey, una comida de príncipe y una cena de pobre. Pues hay que disponer de más energía cuanto más falta hace, que es por la mañana. Por la noche el organismo se dispone a descansar y no es conveniente ingerir mucha comida porque al no hacer falta se almacena, además de que una digestión pesada interfiere el sueño reparador
Es preferible tomar agua fuera de las comidas porque así no se diluyen los jugos gástricos y se facilita la digestión. Esto no excluye una hidratación adecuada, dependiendo de las necesidades de cada caso.
Cada bocado hay que masticarlo suficientemente para que la saliva comience a digerir el bolo alimenticio. Un proverbio chino dice: "si masticas cada bocado 100 veces vivirás 99 años", también, en este mismo sentido otro dice: "mastica los líquidos y bebe los sólidos". De esta manera el aroma del alimento satura nuestro olfato, con lo que se consigue saborear y disfrutar mejor el alimento y, por otro lado, un efecto de saciedad que frena el apetito desmedido.
Es importante, asimismo, la actitud frente al alimento. Es una fuente de energía que ha sido obtenida, elaborada, transportada, distribuida, adquirida, cocinada y servida con el esfuerzo de muchas personas, es bueno tomar conciencia de esto y sentirse agradecido. Hay mucha gente que apenas puede comer.
La alimentación también es una fuente de placer, pero cuidado, hay que comer para vivir y no vivir para comer. Es aconsejable tomar plena conciencia de lo que se está haciendo y evitar cualquier otra actividad simultánea como ver la tele, trabajar, etc.
Hay que comer sentado, si no se está sentado no se come. No hay que picotear.
Es preferible servir la comida en platos pequeños.
En la dietética china cobra especial importancia el sabor, antes incluso que la composición cualitativa y cuantitativa del alimento. En cada comida o por lo menos en el día, tienen que estar presentes cuatro de los cinco sabores: salado, ácido/agrio, amargo, dulce/insípido, picante. El picante y el dulce/insípido (el sabor del arroz integral cocido) siempre han de estar presentes, es decir, estos dos últimos formarían parte obligada en la dieta diaria y de los otros tres restantes tomaríamos dos. La presencia del sabor ha de ser mínima, no como se sazona a la manera occidental.
Otro aspecto importante a considerar es la temperatura del alimento. En general, los alimentos fríos bloquean la energía y los calientes la dinamizan. Es aconsejable comenzar la comida con algún caldo, sopa o consomé caliente, de esta manera, además, se facilita la digestión al preparar los jugos gástricos para el alimento sólido que se ingerirá después.
En la dieta oriental también tiene importancia el color del alimento, pues cada color vibra en una frecuencia energética diferente y, por tanto, esta cualidad del alimento, ejerce una influencia específica en el organismo.
También es aconsejable incluir en la dieta alimentos crudos, sobre todo vegetales y, a ser posible de cultivo biológico, pues es la mejor garantía de que mantienen sus propiedades naturales. Un maestro de yoga, interrogado acerca de cómo debería ser una dieta vegetal, respondió que en ella debían estar presentes todos los colores.
Hay que atender al apetito y la sed. Son señales fisiológicas que nos informan de cuando es conveniente comer y beber. En realidad, si atendiéramos a la información que nos ofrecen el apetito y la sed, no haría falta consulta dietética, pero, lamentablemente, estas capacidades de discriminar cuando y cuanto es necesario comer y beber, están distorsionadas por la sociedad de consumo actual, de tal manera que se come en función de intereses comerciales o de horarios de producción, generando patologías como la anorexia, la bulimia y la obesidad. Estas capacidades, no obstante, aunque adormecidas, existen y se pueden recuperar, intentando ejercerlas día a día, comida a comida, prestando atención al propio cuerpo y no a la presión que ejercen los intereses económicos actuales. Por esto, como el apetito está distorsionado, hay que intentar levantarse de la mesa sin haberse saciado completamente. A este respecto es interesante citar a un afamado cocinero, Karlos Arguiñano que propone la dieta C.L.M.: Comer La Mitad (de lo que uno comería).
Por último hay que tener en cuenta el binomio dieta-ejercicio. Como se ha dicho anteriormente hay que comer para vivir. El movimiento es la expresión más evidente de la vida. El movimiento consume y moviliza la energía. Treinta minutos de paseo diario son suficientes. Si además se mueven el resto de articulaciones del cuerpo, resulta una prevención excelente.
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